Hasta que procedan a retirarlo lo aislaremos convenientemente en bolsas de polietileno en la basura.
domingo, 12 de enero de 2014
TENEMOS AL TRIPULANTE DEL UFO-OVNI QUE SOBREVOLÓ BREMEN
Dejen de buscar, Huston, tenemos al tripulante del UFO-OVNI de Bremen:
sábado, 11 de enero de 2014
FELIZ ¿? CUMPLEAÑOS
Para los que quieren tarta pero no quieren decir los años, para los que no saben cuantos años tienen, para los que su vida sea un continuo interrogante, para los coquetos, para los que tienen duda existencial constante, para todos ellos:
Y también para los que quieran soplar el número de velas en números binarios.
Por si las moscas....
...no sea que a alguna embarazada le de un antojo de cervezas y pierda el control y la cabeza:
¿O quiere decir no testado en embarazadas? Normalmente pone eso de: Prohibido a menores de 18 años pero este símbolo no lo había visto nunca. ¿ Deberían aprovechar el espacio de la etiqueta para poner también que no beban conductores, ni niños...?
martes, 7 de enero de 2014
Pastel de zanahoria
El pastel de zanahoria es uno de esos postres que engaña por su nombre (al menos a mí). Si no lo has visto ni probado antes y te consideras una persona golosa, probablemente pensarás que hay miles de postres deliciosos a los que hincar el diente antes que a este. Si ese es el caso, os recomiendo que hagáis un esfuerzo y probéis de hacerlo al menos una vez... está de muerteee! además de estar buenísimo, es fácil de hacer y queda muy 'resultón'. Como casi todo en esta vida, no hay una sola manera de hacerlo, por lo que existen miles de recetas disponibles. No obstante, aquí os detalle los ingredientes y pasos a realizar, por si alguien va despistado:
Ingredientes (para 8 personas):
- 250 g de azúcar moreno
- 250 ml de aceite de oliva
- 4 huevos
- 225 g de harina de reposteria
- 225 g zanahoria
- 1/2 cucharada (de postre) de levadura
- 1 cucharada (de postre) de canela
- 1 cucharada (de postre) de vainilla en rama (previamente molida)
Para el topping:
- 80 g de mantequilla
- 300 g de queso cremoso (philadelphia por ejemplo)
200 g de azúcar glas
Preparación:
Batir los bien los huevos. Añadirle paulatinamente el azúcar moreno y seguir batiendo hasta conseguir una mezcla homogénea. Seguidamente se le añade el aceite (batiendo siempre, muy importante). Una vez hecho esto, se le añade la zanahoria previamente rallada. Personalmente, a mí no me gusta encontrarme la zanahoria en el pastel, ya que prefiero que tenga una textura esponjosa y uniforme, sin tropezones. Así pues, yo le paso la batidora también una vez añadida la zanahoria y me aseguro de triturarla bien (opcional).
Se le añade la levadura (tamizada, con un colador), la canela y la vainilla. Por último, ya sólo queda añadir la harina también tamizada (yo sigo batiendo todo hasta casi el final, incluso cuando la masa empieza a espesarse). Una vez hecho esto, se coge el molde y se encamisa con margarina (o un poco de mantequilla) y se vierte el contenido. Se pone en el horno PREVIAMENTE PRECALENTADO entre 170-190 ºC durante unos 45 minutos aproximadamente, dependiendo del molde que hayas escogido y del tipo de horno que tengas. Para que el pastel quede bien, este paso es casi el más importante. El horno bien caliente, y a la temperatura exacta. Desgraciadamente, no hay una regla de tres para esto, tienes que conocer tu horno para que te quede perfecto!
Mientras se cuece, preparamos el 'topping'. Cogemos un bol y ponemos la margarina (o mantequilla) a temperatura ambiente, junto con el queso cremoso. Batimos bien con el brazo mientras le añadimos el azúcar glas, hasta que quede homogénea la mezcla.
Una vez acabada la cocción en el horno, se deja enfriar la masa y se decora al gusto con el topping y.... a disfrutar!!
lunes, 6 de enero de 2014
Toriis de Japón
Japón es un país muy interesante que no deja indiferente a nadie. Quien más quien menos conoce alguna cosa de él, empezando por los populares manga (aquí la lista se puede extender hasta el infinito y más allá, como dijo aquel simpático personaje de Toy Story), el sushi, o el karate. No obstante, son muchas las cosas y curiosidades que se desconocen de él. Quizás por eso lo hace tan atractivo para todos aquellos ávidos viajeros que quieren un destino suficientemente 'occidentalizado' donde sentirse seguros pero también un lugar exótico y diferente de lo común. Pues bien, si sois uno de esos intrépidos individuos que experimentan hormigueos en las plantas de los pies cuando llevan un mes en tierra firme, vuestro destino es Japón. Aunque hay una infinidad de cosas que contar de este bonito país, hoy me centro en los toriis japoneses, esas estructuras majestuosas que se alzan en los templos sintoístas. En mi visita a Japón pude tener la oportunidad de ver unos cuantos de esos (quizás demasiados). Para ser honestos, ahora cuando veo uno en una foto o en la televisión me entra ese sentimiento de melancolía y añoranza, aunque debo reconocer que en su momento recuerdo haber acabado bastante 'hartito' de ellos, hablando en plata. Y no es que no sean bonitos, pero al cabo de 525 toriis la cosa empieza a flojear, y claro, yo tampoco soy un tipo muy paciente...
En fin, volviendo al lío, aquí un pequeño resumen; Los toriis son unos arcos tradicionales japoneses que delimitan el espacio sagrado del profano en los templos sintoístas. Tienen su orígen en el antiguo Japón, y se consideran un elemento importante e indispensable en cualquier templo de culto sintoísta. En Nara, por ejemplo, hay varios templos sintoístas conectados por miles de ellos. Están dispuestos de forma contigua, construyendo así un bonito pasadizo que ameniza la travesía hasta el siguiente templo (y te da la sombra!):
Además, este bonito santuario está dedicado a Inari, el dios del arroz. Se puede identificar fácilmente por los dos zorros (mensajeros de Inari) que custodian el torii de la entrada del templo:
En fin, volviendo al lío, aquí un pequeño resumen; Los toriis son unos arcos tradicionales japoneses que delimitan el espacio sagrado del profano en los templos sintoístas. Tienen su orígen en el antiguo Japón, y se consideran un elemento importante e indispensable en cualquier templo de culto sintoísta. En Nara, por ejemplo, hay varios templos sintoístas conectados por miles de ellos. Están dispuestos de forma contigua, construyendo así un bonito pasadizo que ameniza la travesía hasta el siguiente templo (y te da la sombra!):
Además, este bonito santuario está dedicado a Inari, el dios del arroz. Se puede identificar fácilmente por los dos zorros (mensajeros de Inari) que custodian el torii de la entrada del templo:
No obstante, el más impresionante de todos los toriis se encuentra en la isla de Miyajima. De hecho, está considerado como patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es también uno de los más grandes de Japón, y custodia un espectacular templo sintoísta. Se encuentra en la orilla de la isla, indicando así su carácter sagrado. Es tan sagrado que antiguamente estaba prohibido nacer o morir (literalmente!) por lo que se prohibía la entrada a mujeres embarazadas y se evacuaban los ancianos a toda costa. Por suerte, ahora son algo más permisivos....
Por último, y como parte esencial de todo buen templo que se precie, también podemos echar una ojeada a sus cementerios. A mi parecer, tienen un encanto especial. Cada difunto tiene asignado un pequeño altar, como una especie de mausoleo que está entronado por uno o varios 'mini toriis' que lo custodian. Otra vez, se utilizan como símbolo que marca lo humano de lo divino:
Por eso, si vais a Japón y estáis por la prefectura de Kyoto, el templo de Fushimi Inari es de obligada visita. De igual forma, si vuestro itinerario pasa por Hiroshima (otra bonita ciudad altamente recomendable), guardad una tarde para visitar Miyajima y su espectacular templo sintoísta, uno de los lugares más bonitos de Japón.
domingo, 5 de enero de 2014
Ontario y sus cataratas
Este verano estuve viviendo tres meses en Canadá, atravesando el 'gran charco' por primera vez. Fue una gran experiencia tanto a nivel profesional como personal. La verdad es que me quedé prendado al momento de este maravilloso país. Desafortunadamente, no dispuse de todo el tiempo libre que hubiese deseado, y por tanto mi experiencia se reduce a la provincia de Ontario, concretamente a Hamilton y sus alrededores. Ésta última es una de las ciudades con más historia e influencia de la provincia, un enclave mítico de obligada visita para todo aquel que quiera empaparse de la esencia canadiense. Por ejemplo, fue punto de encuentro de una de las batallas más sangrientas del país en la guerra anglo-estadounidense de 1812, la batalla de Stoney Creek. Situada en la orilla oeste del lago Ontario, forma parte de lo que se denomina como 'la herradura de oro' (golden horseshoe), una zona altamente industrializada y considerada como uno de los motores económicos del sur del País. Con un imponente puerto plagado de hangares y barcos de mercancías, es también conocida por su industria metalúrgica, y concretamente por el acero. De hecho a la ciudad se la conoce popularmente como 'steel city' (la ciudad del acero). Y esto son solo algunas pinceladas, ya que Hamilton daría para escribir mucho más.
No obstante, Hamilton es una ciudad en ocasiones olvidada por muchos turistas y entusiastas viajeros. El motivo es que se encuentra situada entre dos grandes puntales turísticos del país que le hacen sombra como son Toronto y las cataratas del Niágara. Por eso, en esta entrada me gustaría romper una lanza en favor de Hamilton. En particular, me gustaría destacar que es también conocida entre sus habitantes como la ciudad de las cascadas, ya que hay más de veinte hermosas cascadas repartidas por su geografía (la ciudad está situada sobre la escarpa del Niágara). Como ejemplo, os muestro algunas fotos que saqué de una de ellas, llamada 'Tiffany falls'.
Esta maravilla de la naturaleza tiene más de veinte metros de altura, y es una de las más populares de la zona. Se encuadra en un conjunto de cascadas llamadas 'ribbon falls' (cascadas cinturón) debido a que son más altas que anchas. No obstante, lo más increíble para mí es que, siendo objeto de interés turístico general, el acceso a ella está escasamente acondicionado. Y no es que me parezca mal, en absoluto, pero me sorprendió la poca presencia de la mano del hombre en el sendero de acceso a la cascada;
Como veis, no es que el acceso fuera un camino de rosas. Y no me quejo, pero el hecho de volver a la parada del autobús con uno de mis pies remojados hasta el hueso por culpa de un resbalón inoportuno en medio de tan cristalino riachuelo dejó huella en mi conciencia.
En definitiva, y a pesar de las adversidades sufridas en primera persona, un lugar precioso de obligada visita si estáis por la zona.
Aunque este sería un buen momento para cerrar aquí mi entrada, no sería justo hacerlo sin antes mostraros algunas fotos de las cataratas más famosas de Norte América: Las Cataratas del Niágara. Aquí, las introducciones sobran. Además, éstas sí que están bien acondicionadas, quizás demasiado en este caso, ya que lo que pretende ser una visita agradable lúdico-cultural puede terminal en una bacanal alucinante. Y es que a veces, en lugares tan concurridos como el Niágara, nuestra imperiosa necesidad por obtener la mejor foto o perspectiva del lugar para uso y disfrute personal viene precedida por un arsenal de codazos, culazos y otras técnicas disuasorias de dudoso civismo ciudadano. Pero al final lo que cuenta es esa foto tomada en el lugar y momento exactos, ese encuadre perfecto que nos permita alardear ante amigos y familiares una vez finalizada nuestra travesía:
En fin, que al final no me quedaron tan bien las fotos como podéis ver, pero os prometo que tiene explicación. Fue culpa del ruso cabrón que tenía al lado (XD), que no paraba de empujar porqué también quería su momento de gloria...
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